Historia de las carpetas portafolio de artista
Meissonier
En el Renacimiento, entre los siglos XV y XVI, las carpetas para conservar dibujos tenían un papel fundamental.
Con la invención del papel moderno y el auge del dibujo como disciplina intelectual, los artistas necesitaban con urgencia algo para proteger, transportar y vender sus obras.
La palabra “portafolio” proviene directamente de este período, cuando artistas y arquitectos italianos acuñaron el término portafogli (de portare, llevar, y fogli, hojas).
Eran cubiertas rígidas hechas de cuero grueso, pergamino o madera ligera, atadas con cordones o cintas de tela.
Su propósito era mantener las hojas planas, secas y libres de polvo o de la lluvia durante los viajes.
¿Para qué las usaban los maestros renacentistas?
En talleres como los de Giotto, Da Vinci o Durero guardaban carpetas con dibujos de manos, rostros, animales y pliegues de ropa, que servían como manuales de aprendizaje para sus aprendices.
Artistas como Miguel Ángel o Filippino Lippi, al buscar encargos para pintar una capilla o esculpir un monumento, no llevaban el lienzo, sino su "portafogli" lleno de dibujos preparatorios para convencer al Papa o a los Médici.
También los artistas recorrían distintas ciudades para estudiar ruinas romanas.
Arquitectos como Andrea Palladio usaban estas carpetas para guardar planos y mediciones tomadas en el lugar.
Un matiz importante sobre la vida laboral y educativa de los jóvenes artistas en el Renacimiento es que el mito del aprendiz que entraba a los 10 años a un taller y permanecía allí hasta adulto no siempre se cumplía, había gran movilidad, y las carpetas eran, literalmente, el pasaporte profesional de estos jóvenes.
Cada taller protegía con recelo sus fórmulas para preparar pigmentos, disolver aglutinantes o componer encuadres. Los aprendices que pasaban de uno a otro copiaban estos “secretos” en las hojas de sus carpetas. Al trasladarse, llevaban ese saber técnico de un maestro a otro, lo que impulsó notablemente la evolución del arte renacentista.
El auge del grabado (siglos XVIII y XIX) trajo consigo la popularización de la litografía y el grabado en metal, dando origen a la carpeta de estampas.
Los artistas creaban series numeradas que guardaban en carpetas rígidas de cartón para venderlas directamente a coleccionistas de la burguesía.
Hoy en día, las carpetas siguen siendo muy útiles para guardar y transportar trabajos en papel, y también resultan de gran ayuda al momento de adquirirlo, ya que evitan que se dañe durante el trayecto de la tienda al estudio del artista.
tablero de dibujo, puede sustituirlo si es necesario.






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