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martes, noviembre 03, 2026

Tienen el mismo nombre, pero no son lo mismo.





Históricamente, los pintores sufrían intoxicaciones que llegaban a ser mortales porque algunos de los colores más utilizados eran altamente  peligrosos.

Muchas pinturas conservan el nombre original, pero no son las mismas que se utilizaban antiguamente, son imitaciones que dan resultados ópticos muy similares pero que al contrario que las originales no son mortalmente  toxicas, cuando compras un color como por ejemplo  el “Amarillo Nápoles”, lo que te venden no es el que fue creado con ese nombre, no vas a utilizar el mismo amarillo o el mismo rojo que utilizaron los antiguos maestros, sino una versión parecida pero no toxica.

El azul ultramar fue sustituido por un pigmento más económico y de mejor, pero es una excepción al tema de hoy: 

La sustitución de pigmentos tóxicos por NO tóxicos que se llaman igual que los antiguos por su parecido, pero que no son lo mismo.




Veamos: El verde de Scheele creado en 1775 por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele. es un pigmento inorgánico de color verde brillante o esmeralda intenso.

Es un compuesto químico a base de arsénico y cobre (arsenito de cobre / arsenito ácido de cobre) era el color verde esmeralda, muy popular en la época victoriana, mataba tanto a los pintores como a las personas que empapelaban sus habitaciones con él debido a los vapores tóxicos.  Hoy día se vende como verde “esmeralda” el “verde Ftalo”, no toxico.

El Blanco de Plomo (Albayalde): El pigmento blanco más usado hasta el siglo XIX. Causaba anemia, ceguera, parálisis de las extremidades y demencia.

Hoy es sustituido por una mezcla de blanco titanio y blanco zinc, que no consigue sustituir sus virtudes, pero si sus mortales efectos.

El Rojo Bermellón: Hecho a base de cinabrio (sulfuro de mercurio). Provocaba temblores incontrolables, pérdida de memoria y psicosis (la misma sustancia química detrás de la leyenda del "sombrerero loco") hoy bajo el nombre Bermellón, se fabrican colores inocuos para la salud con diversos pigmentos según fabricante, por ejemplo el óleo Rembrandt utiliza el pigmento po73, la marca Titan el po73 y pr255 o MIR el pr4

Y de la misma manera, colores tóxicos como el amarillo Nápoles o el amarillo de cromo han sido sustituidos con pigmentos no tóxicos, pero el nombre de los colores no se a cambiado pese a como digo ya no están hechos con los mismos pigmentos. 

El hábito de afilar los pinceles con los labios para lograr trazos más finos y la exposición directa a pigmentos cargados de metales pesados o sustancias radiactivas provocaron la muerte y graves enfermedades a numerosos artistas y trabajadores a lo largo de la historia.


El envenenamiento por plomo en el mundo del arte se conoce históricamente como saturnismo o "cólico del pintor". Los casos históricos más notables y documentados de este fenómeno incluyen a los siguientes artistas:


Mariano Fortuny 
El vendedor de tapices, 1870. Acuarela

Mariano Fortuny y Marsal (1838–1874)

Fortuny fue uno de los pintores más influyentes del siglo XIX, famoso internacionalmente por la asombrosa luminosidad de sus obras. Sin embargo, falleció de manera repentina en Roma a los 36 años.

El hábito letal: Fortuny era un acuarelista virtuoso. Para lograr sus famosos efectos de degradados, transiciones suaves y "esfumados", utilizaba su propia saliva. Tenía la arraigada e inconsciente costumbre de humedecer y afilar la punta de los pinceles directamente con los labios y la lengua de manera continua mientras trabajaba.

La causa médica: Las acuarelas y óleos que utilizaba contenían altísimas concentraciones de metales pesados como el blanco de plomo (albayalde) y el amarillo de Nápoles (antimoniato de plomo). Estudios médicos e históricos determinaron que Fortuny sufría un severo cuadro de saturnismo crónico debido a esta ingesta continuada. 

El desenlace: En 1874, mientras pintaba al aire libre en la localidad italiana de Portici, contrajo malaria. Su organismo, ya profundamente debilitado, intoxicado y anémico por culpa del plomo, no pudo combatir la infección. El saturnismo y la malaria combinados colapsaron su salud y provocaron una hemorragia interna que acabó con su vida en pocos días


Francisco Goya

Bodegón con dorada


Francisco Goya (1746–1828)

El genio español no murió envenenado directamente, pero sus pinturas cambiaron su vida de forma drástica.

El hábito: Goya preparaba sus propios lienzos aplicando él mismo gruesas capas de blanco de plomo como base (imprimación), respirando el polvo y absorbiéndolo por la piel.

Consecuencias: En 1792 sufrió una gravísima crisis neurológica con parálisis, ceguera temporal, vértigos y delirios. Logró sobrevivir, pero la toxicidad del plomo le dejó una sordera total y permanente para el resto de su vida, lo que transformó radicalmente su estilo artístico hacia las famosas Pinturas Negras.



Vermeer 

Cristo en casa de Marta y María


 Johannes Vermeer (1632–1675)

El autor de La joven de la perla falleció de forma misteriosa a los 43 años tras sufrir un repentino ataque de locura y frenesí físico.

Los pigmentos: Vermeer utilizaba de forma masiva dos de los colores más caros y tóxicos de la época: el blanco de plomo y el rojo bermellón (extraído del cinabrio, rico en mercurio).

Consecuencias: Investigaciones modernas sugieren que la acumulación combinada de plomo y mercurio (hidrargirismo) en su organismo le provocó un colapso mental y físico severo en apenas un día, llevándolo a la muerte en pleno apogeo de su carrera. 

 


Cándido Portinari 

El labrador de café 

Cândido Portinari (1903–1962)

Uno de los pintores brasileños más importantes del siglo XX murió directamente por envenenamiento con plomo debido a sus pinturas.

La causa: A pesar de que los médicos le habían advertido estrictamente que dejara de pintar porque las toxinas estaban destruyendo su salud, Portinari se negó a abandonar sus murales. 

Consecuencias: Falleció a los 58 años debido a hemorragias digestivas graves causadas por una intoxicación crónica por plomo (saturnismo) derivada del uso constante de sus óleos.

 


Van Gogh
Melocotonero en flor


Vincent van Gogh (1853–1890)

El célebre pintor neerlandés sufría de crisis de locura, alucinaciones y severos dolores estomacales, síntomas clásicos del saturnismo.

La causa: Cartas e informes médicos confirman que Van Gogh tenía la alarmante costumbre de chupar sus pinceles cargados de pintura e incluso, en sus momentos de mayor desvarío, intentaba comer los tubos de óleo directamente.

El pigmento: Estaba obsesionado con el Amarillo de Nápoles y el Rojo Saturno, pigmentos que en aquella época contenían altísimas concentraciones de plomo y bario. Si bien murió por una herida de bala, su salud física y mental ya estaba completamente mermada por el plomo




Caravaggio 

San Jerónimo escribiendo



Caravaggio (1571–1610) 

Estudios modernos realizados en 2010 a los restos óseos del maestro del tenebrismo confirmaron que tenía niveles letales de plomo en su organismo.

La causa: Caravaggio era famoso por su temperamento extremadamente violento e impredecible (un efecto neurológico común del saturnismo). Pasaba meses encerrado mezclando polvos de plomo, mercurio y arsénico sin ventilación, y se sabe que también afinaba los pinceles con la boca para sus detallados trazos con pintura al temple



 William Turner

Barcos de pesca entrando en el puerto de Calais


William Turner (1775–1851)

El gran maestro inglés de los paisajes y la luz padecía temblores constantes, depresión profunda y serios problemas digestivos al final de su vida.

Los pigmentos: Para lograr esos cielos casi incandescentes, Turner recurrió intensamente al recién inventado Verde de Scheele (cargado de arsénico) y a masivas dosis de amarillos con plomo. Su costumbre de no lavarse las manos y manipular directamente los pigmentos en polvo mientras comía en el estudio selló su deterioro de salud. 

 

 

Las Chicas del Radio (Radium Girls)

El caso más masivo, trágico y directamente ligado al hábito de "chupar el pincel" ocurrió en la década de 1910 y 1920 en Estados Unidos.

Quiénes eran: Cientos de mujeres jóvenes contratadas para pintar las esferas luminosas de los relojes del ejército y civiles. 

La pintura: Utilizaban una pintura fluorescente hecha a base de radio (un elemento altamente radiactivo). 

La causa: Sus supervisores les enseñaron la técnica del "lip-pointing" (afilar el pincel de pelo de camello directamente con los labios) para que el trazo de los números fuera perfecto. Cada vez que lo hacían, tragaban pequeñas dosis de radio. 

Consecuencias: El radio reemplazó al calcio en sus esqueletos, pudriendo sus huesos desde dentro. Muchas sufrieron necrosis mandibular (sus mandíbulas literalmente se deshacían) y dolorosos cánceres óseos. Su trágica muerte dio pie a las primeras leyes de seguridad laboral en EE. UU


James G. R. Hall (1876–1928)

Un caso clínico muy específico documentado por el periódico The New York Times en 1928 relata el fallecimiento de este pintor de acuarelas y decorador estadounidense.

La causa: Los médicos del hospital atribuyeron su muerte directamente al envenenamiento por pintura tras 25 años de oficio. El informe detalló que Hall realizaba trabajos minuciosos y humedecía constantemente la punta de sus pinceles finos con la lengua, ingiriendo de forma sistemática derivados de plomo y mercurio.